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eva-vallejo

Historia de un refugiado

Me llamo Saila, tengo 26 años y nací en la daira Hagunia (El Aaiún – Campamentos de refugiados saharauis de Tindouf).
 
Cuando era pequeño me gustaba jugar al «coura», que es pelota. Mi comida preferida era el pan con carne. Mi sueño era ser doctor, pero como en los campamentos sólo hay una escuela de Enfermería hice lo que estaba en mi camino para cuidar a mi gente, me especialicé en pediatría. Me sigue gustando jugar a ser niño. Mis compañeras de Moviendo Arena dicen que cuando más sonrió es cuando juego enseñando en las madrasas con el proyecto Feria de la Salud.
 
Cuando era pequeño no entendía por qué tenían que ir los niños y niñas saharauis a España en verano con Vacaciones en Paz. Yo viajé a Murcia 4 años seguidos y cada verano era más bonito que el anterior, nunca lo olvidaré.
 
Siempre sucedía lo mismo, cuando me alejaba de mi familia estaba muy triste y no quería ir, pero en el aeropuerto de repente te encuentras a muchísimos niños y niñas que empiezan a jugar contigo y ya se te olvida la tristeza, qué fácil era vivir.
 
En el avión hasta el que más miedo tenía se dormía y, cuando llegábamos a España nuestras familias nos esperaban. Despertábamos en el paraíso, una nueva vida tan corta como un sueño, del que vuelves a despertar al bajarte del mismo avión.
 
Nunca he vuelto a tener la libertad de poder visitar a mi familia de acogida, o de salir de aquí. Recuerdo que el clima era diferente y los olores cambiaban. Desde que conocí la fuerza del verde, en las plantas y en la vida, es mi color favorito.
 
Los veranos estaban hechos de cariño, las familias nos abrían sus casas y nos trataban como a otro hijo. Me enseñaron a jugar de otras maneras y tuve amigos de colores.
 
Aprendí un poco de español, los primeros años vivía un poco frustrado porque no sabía decir lo que me pasaba. Recuerdo que un día me desperté de madrugada, no sé si fue una pesadilla, pero como estaba asustado bajé por las escaleras e hice mucho ruido. Me riñeron por estar despierto. Al día siguiente iba a conocer lo que era un caballo pero me dijeron que se cancelaba de castigo.
Menos mal que el sol les hizo olvidar la noche y monté a caballo, era precioso.
 
Me encantaba ir a la playa, si podía siempre iba con la abuela. Creo que ahora el mar Menor no está tan bonito como lo recuerdo. Si alguna vez puedo volver a España será lo primero que visite.
 
Ahora sí entiendo por qué los niños y niñas viajan con Vacaciones en Paz, sé hablar español, sé que existe un mejor futuro posible. Ahora entiendo que he sido la memoria jugando a vivir en un país que no quiere recordarme, reivindicando que existimos de la manera más bonita que hemos podido crear. 
 
Vivo en un territorio que no es mío, el Sáhara ha sido robado y a los saharauis nos han echado. La Justicia se tapa los ojos.
 
Yo soy uno más de los 173.600 refugiados saharauis, pero como dice mi compañera: la familia, ese saber que pase lo que pase, ellos te protegen, es el único significado de refugio que debería existir.

Ejemplos y cimientos

Cris Sainz

¿Cuántas veces, como feminista, te has preocupado por las realidades de las mujeres de otras culturas o países? ¿Cuántas de estas veces lo has hecho desde una actitud paternalista?

¿Cuántas veces, como feminista, has tenido en cuenta las necesidades de mujeres de otra religión distinta a la tuya (si es que la tienes)? ¿Cuántas fueron desde una perspectiva teñida de racismo y colonialismo?

¿Cuántas veces, como feminista, has incluido en tus reivindicaciones a las mujeres con diversidad funcional? ¿Cuántas de esas veces fue desde una mirada capacitista?

El proceso de deconstrucción es largo, pero si algo he aprendido del feminismo es que, de oprimida a opresora hay un fino hilo que no siempre, por desgracia, he respetado. Y que reconocerse en la hegemonía duele, pero es un dolor que mueve. Les debemos movimiento. Les debemos sanación.

En este viaje no hemos parado de curarnos. En plural. En colectivo.

Hace unas semanas compartimos un taller de autoconocimiento y empoderamiento con Mujer Joven del UJSARIO y aprendimos, sobre todo, a acompañarnos en este proceso. A encontrar referentes en las mujeres de nuestro entorno, a tejer hermandad, a ver más compañeras y menos competencia.

A cuestionar cánones que dictaminan cómo han de ser nuestros cuerpos y nuestros sentires. A validar nuestras emociones y diseccionar nuestros sentimientos. A descargar la mochila de dudas, miedos y responsabilidades que no nos corresponden.

Nos hemos querido diversas y hemos respetado nuestros cuerpos. Hemos derribado los muros de nuestros campos de batalla y creado trincheras contra la culpa y la vergüenza.

Gracias, Násara, por tu mirada crítica.

Gracias, Salka, por tu eterna disposición.

Gracias, Ajeiba, por ser puente entre gargantas.

Gracias a todas las valientes que se atrevieron a compartirse en este camino de amargos autodescubrimientos, dulces reconciliaciones y suaves despedidas.

La verdad es que, con un té, el camino se hace menos arduo.

Me faltan palabras y me sobran sentimientos

Laura Ribas

Durante el viaje estuve escribiendo en una libreta que me regalaron mis amigas por mi cumpleaños: por un lado, un pequeño “diario de abordo”, por el otro pensamientos, trozos de conversaciones que me parecían interesantes, nombres… Durante estos meses no la revisé, pero he creído más conveniente llenar este espacio con palabras, sentimientos e ideas que tuve “in situ”. Me gustaría que imaginaseis estar fuera de una jaima, llenxs de arena y agotadxs, admirando el paisaje con el peso estético que una estudiante de comunicación no puede evitar
tener.

“El ambiente de media/final de tarde está lejos de ser nítido. Una especie de neblina lo cubre todo y da la sensación (en fotos por lo menos) de que tuvieses un filtro analógico imborrable de tu campo visual. Sin embargo, lejos de hacerme sentir melancólica (es lo que suelen transmitir este tipo de ambientes) me calma enormemente, me da mucha paz y, en cierta forma, me hincha el corazoncito.”

Después, separé la página con una línea discontinua y escribí en grande “Ubuntu”, abajo continué con otra reflexión:
“Estos días me están sirviendo para ver, todavía más claramente, la manera (comunal?) de vivir que tienen aquí. Corrobora una idea preconcebida de la cultura en su manera de criar, vivir, y compartir.

Aquí todo es de todas y los objetos (incluso las ideas) están totalmente desposeídos. Me asusta pensar que incluso en una situación así (tan idílica mentalmente para mi y tan acorde con mis ideas de como me gustaría vivir en un futuro) los privilegios de los hombres siguen siendo tan grandes como las opresiones de las mujeres, entendiendo que estas situaciones derivan del conflicto y de la necesidad más ardua y no de una reflexión consciente que busca ser coherente con unos ideales y una perspectiva de futuro plural.”

Para alguien como yo, que llevaba tanto tiempo queriendo ir, informándose y compartiendo conversaciones con saharauis y personas implicadas con la causa (en España), fue muy difícil no romantizar las vivencias que tuvimos ahí, las personas que conocimos, lxs niñxs con lxs que jugamos, los tés que bebimos, el amor que sentimos… Durante esos días creamos una especie de familia donde cada personita iba ocupando un rol según se necesitase, nos descubrimos las unas a las otras (y en parte a nosotras mismas), el hecho de generar esos niveles de confianza, de amor, de cariño fraternal hizo que en los momentos más duros del proyecto, incluso a nivel personal, las pequeñas (o grandes) trabas que nos íbamos encontrando en el camino, se empequeñeciesen.

Llenamos vacíos que ni si quiera sabíamos que teníamos, aportamos nuestro granito de arena a una causa importantísima y tocamos corazoncitos que nunca hubiésemos creído que llegaríamos a tocar. Valoramos el paso (lentísimo) del tiempo, cambiamos el ritmo, las formas y generamos un ambiente precioso. Aprendimos, pero sobre todo sentimos. Un hombre muy sabio me dijo “no tenemos que dar lo que nos sobra, tenemos que compartir lo que tenemos” y creo que es aplicable a todo y que todxs deberíamos hacerlo.

Shukran por absolutamente todo, me faltan palabras y me sobran sentimientos.

Gracias Rosanas

Sandra Escudero

Es difícil hablar de esta experiencia en un solo texto. No sé muy bien por donde empezar, así que lo haré por el principio de todo, cuando conocí a la gente con la que iba a realizar este viaje. Llegue la última , y allí los encontré charlando en el aeropuerto, quien me iba a decir que acabarían siendo mi familia todos esos días. Chapó por su implicación, por su positividad, por no perder esa sonrisa por mucho que a veces se complicaran las cosas. Y con gente así, no podría haber salido mejor todo.

Rosana, que hacía el trabajo de tres médicos ella sola, pasando consulta a más de cien niños en los colegios de educación especial. Mahjoub su incondicional ayudante. Elvira y Laura con su energía máxima para todo. Cris, la ama del empoderamiento de la mujer, con su brutal programa. Laura calmaba cualquier situación de estrés y aportaba tres manos en cada cosa que hacía . Moha y Saila siempre echando una mano en formaciones y traducciones. Pino y yo integrando absolutamente a todos los niños en cada dinámica de juego. En fin, trabajo de equipo y equipazo.

Esta solo fue la primera parte del viaje, tengo que dar las gracias a las familias que nos acogieron en sus casas. Es sorprendente la hospitalidad y creo que por primera vez vi lo que realmente es compartir. Ellos no dan lo que les sobra, dan todo lo que tienen aunque no quede para ellos, sorprendente y admirable por mi parte.

La segunda parte del viaje la continué junto a Laura, mi dulce niña. Fuimos a Casa Paradiso y el nombre se queda corto para lo que realmente es aquello. No dejará de sorprenderme nunca Rossana Berini con cada uno de los proyectos que lleva a cabo. Ha creado un hogar de estimulación constante y rehabilitación, donde los niños y niñas pueden recibir sus tratamientos.

Aquí es donde pude continuar trabajando de terapeuta ocupacional, adaptando todo lo necesario para conseguir la máxima independencia de los y las pequeñas y formando a los que siempre están allí, para que mediante juegos, consigamos mejorar la motricidad fina y la graduación de fuerza.

Gracias Rosanas. Berini por hacer todo lo que haces y ser mi máximo referente y González porque además de mi referente, eres mi orgullo en la familia.

Día de los Derechos Humanos

Bea de Castro

Un día cualquiera, caminando por tu ciudad, mientras observas a tu alrededor, a tus vecinos paseando a sus perros, los árboles sin hojas y el viento que mece sus ramas, coches de múltiples colores por la carretera ansiosos por llegar a su destino, luces de Navidad todavía sin encender, y entonces cierras los ojos. Al volver a abrirlos, solo hay oscuridad, parpadeas una y otra vez sin entender porque solo hay oscuridad, no consigues ver absolutamente nada. Te quedas parado en la calle, pides ayuda y la gente te mira, no entienden como en menos de un segundo has perdido la visión, tus ojos son normales, el iris y la pupila están íntegros, pero tú sigues igual, ciego. Mucha gente comienza a apartarse, con gesto desconcertado, “un loco” piensan, mientras que otra persona, se acerca a ti, te pregunta que te ocurre y donde vives, te coge del brazo, te proporciona esa seguridad que necesitas y te lleva de regreso a tu casa sano y salvo.

Los derechos humanos son los sentidos de nuestra vida, de la de todos los seres humanos, probablemente no seas capaz de imaginarte tu vida sin uno de los cinco sentidos, pues imagina a aquellos que carecen de todos los derechos que tú tienes solo por la aleatoridad de haber nacido en España y no en otro lugar, por ejemplo, en el Sáhara occidental, dónde día a día la gente sigue “ciega” y el resto de países los miran, con el mismo gesto de desdén o lástima que te miran a ti cuando pides ayuda, y siguen su camino, no tienden la mano, no es su problema que en el mundo siga muriendo gente por defender sus ideas, su libertad de expresión o su sexualidad.

Desde Moviendo Arena queremos ayudar a quitar esa venda de los ojos, queremos poner luz en esa visión tan oscura, dar fuerza en la voz que no se oye, levantar el brazo que ha perdido la energía para seguir luchando por aquello que creemos indispensable en esta vida, que es la igualdad independientemente de la suerte que hayas tenido en el momento de nacer.

Día del Voluntariado

Natalia Rabadán

La definición más común del diccionario define al voluntario como aquella persona que obra por propia voluntad, sin esperar nada a cambio.  Sin embargo, creo que no expresa realmente lo que es, pues está carente de alma. Y es que, ser voluntario va mucho más allá.

Ser voluntario implica una actitud y un compromiso por apoyar una causa, por querer ayudar a personas que lo necesitan, por cuidar y dar recursos, por enseñar y, en definitiva, luchar por conseguir un mundo mejor. La variedad de acciones es infinita: desde combatir el cambio climático, hasta construir viviendas para gente sin recursos, pasando por el cuidado de personas y animales. Y me quedo muy corta. Puedes encontrar tu lugar en el voluntariado sin ninguna duda. La clave es que lo hagas porque realmente sientes esa motivación.

Sin embargo, lo que a priori no implica ser voluntario es todo lo demás. Lo que no se ve. Cuando te encuentras sumergido en la actividad del voluntariado, lo que no sabes es que los beneficios son mutuos. Y con esto me refiero a que, sin quererlo, el voluntario recibe mucho más de lo que da. Recibe satisfacción, esperanza, enseñanzas, y mucho cariño. Y eso es realmente maravilloso. Consigues crear un nuevo círculo que no conocías, que tiene el mismo compromiso que tú, y empiezas a sentirte parte de una familia.

Eso es justo lo que consigue Rio de Oro y Moviendo Arena. Todo lo vivido en Grottammare, todas las passeggiatas, las comidas, los bailes al ritmo de Waka Waka, las actividades, las tardes en la playa, los miles de gelatos, los primeros pasos para muchos, las enseñanzas por parte de los voluntarios para conseguir una mejor calidad de vida de nuestros pequeños y cada uno de sus abrazos y de las sonrisas, son realmente el mejor regalo del voluntariado. Y todo eso se recibe sin quererlo. Sin buscarlo. Y es realmente maravilloso.

Quiero destacar la gran labor que desarrollan toooodos los voluntarios que forman parte de Moviendo Arena, porque muchos de ellos son para mí parte de esa familia, y todo su esfuerzo y su cariño, se ve reflejado en conseguir un Sáhara libre y en conseguir que todos nuestros niños sean cada día más independientes.

Día Internacional de las Personas con Discapacidad

Nerea Rodríguez & Patricia Pascual

La primera vez que llegué a Grottammare vi a muchos niños y niñas. Niños de ojos negros y marrones, de pelo largo y corto, altos y bajos, niñas sonrientes e incluso alguno un poco más triste. Personas diversas pero que compartían algunas características: querían ser escuchadas, adquirir independencia, moverse, conocer, disfrutar… vivir.
Seguramente si no os contase más pensaríais: “como cualquier otro niño o niña”.

Hace 44 años comenzó la marcha verde y con ella la ocupación saharaui. Pero esta fecha histórica no sólo marca un antes y un después para un pueblo, sino que añade un peldaño más de dificultad a la escalera que tienen que subir las personas saharauis con diversidad funcional.

La diversidad funcional, por definición, significa el planteamiento y superación constante de metas tanto de la persona como de todas aquellas que conviven con ella. A todas estas dificultades diarias hay que añadirles las barreras que suponen vivir en un campo de refugiados situado en medio de un desierto, en medio de la nada.
En cualquier lugar del planeta la falta de recursos, tanto económicos como culturales, son un impedimento para cualquier persona con diversidad funcional. Imaginaos cuál es el nivel de dificultad dentro de un campo de refugiados: son niños y niñas que están en su mayoría sin escolarizar y cuyas familias, en la mayor parte de los casos, no saben cómo enfocar su desarrollo.

Por todo ello sus ganas de independencia son especiales, tienen ciertas características que las diferencian de las del resto de la gente. En Grottammare he visto niñas que no podían sujetar la cabeza terminar caminando, niños que carecían de juego jugar con su amigo, niñas que no emitían sonido alguno cantar una canción, niños que no podían caminar vestirse solos…

Hoy, 3 de diciembre, es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Y aquí hablamos de personas muy capaces, capaces de darle con su sonrisa a la realidad en los dientes. Capaces de superarse a sí mismos y de avanzar. Hoy queremos visibilizar también la diversidad funcional dentro de la causa saharaui y recordar que la dis-capacidad es sólo una palabra que nuestros niños y niñas convierten en un aspecto más de su personalidad y no en
la parte protagonista.

Día de la Infancia

María González

Dicen que la juventud lo puede todo, que siendo niños todo es muy sencillo, que los niños son de goma, que no se rompen, que lo aguantan todo. Dicen, que la juventud tiene tiempo, que pueden enfrentarse a cualquier problema, que su imaginación no tiene límites.

Pero eso no es así, al menos no del todo. Los niños no son de goma, sí se rompen, y desde luego, no tienen que aguantarlo todo. No tenemos tiempo, no podemos enfrentarnos a cualquier problema. Pero una cosa sí que tenemos, imaginación.

Imaginación para hacer que los niños saharauis, enfermos, cansados y con mil problemas miren hacia delante. Imaginación para que se levanten cada mañana mientras están con dolores y preocupaciones con una sonrisa de oreja a oreja, imaginación para enfrentar a un mundo que maltrata y menosprecia a los niños. Imaginación para darle valor a cada palabra, a cada sonrisa, a cada pisada. Imaginación para lograr que nos demos cuenta de que necesitan ayuda, para que se den cuenta de que les damos ayuda. Imaginación para echarle ganas y luchar por un pueblo olvidado, por su futuro, sus niños.

No, los jóvenes no somos omniscientes, ni omnipotentes, ni muchísimo menos, pero desde luego en Moviendo Arena tenemos una cosa clara, los niños son lo primero, y nosotros los que logramos que sientan que así es.

Tercer aniversario

Moviendo arena cumple hoy tres años y, gracias al compromiso de todas las personas involucradas, se ha convertido en una auténtica máquina de fabricar sueños. La red de colaboración es cada vez más grande y las iniciativas y proyectos por cumplir se multiplican. A lo largo de estos tres años, se ha convertido en un espacio abierto, completamente plural, donde todas las ideas de jóvenes, tanto saharauis como españoles, son siempre bienvenidas y la ilusión es la principal seña de identidad. La sensibilización sobre el conflicto político saharaui, el empoderamiento de la mujer joven, la acogida de tantos niños en verano y, otras tantas iniciativas, nos han unido y han hecho que moviendo arena sea AMISTAD e ILUSIÓN.

#sinmuros

Rosana González López

Hoy la gente celebraba que caía el muro de Berlín mientras otros muchos muros continuaban invisibilizados.
¿Para qué sirven los muros? Algunos opinan que para proteger, otros para dividir, separar y excluir. Para crear miedo y sensación de incapacidad, de imposibilidad… los muros son altos y agresivos ¿cómo es posible que sigan invisibilizados? ¿Quién los esconde? ¿Hay algo más alto que un muro para que estén en sombra? ¿El dinero? Si ponemos un muro de dinero… ¿no sería este débil y frágil cómo el papel? ¿absurdo? ¿Acaso el que lo implantó cree que eso es fuerte? ¿No tendrá que seguir manteniendo la mentira? ¿Cuánto cuesta creérsela? ¿Cuánto cuesta no revelarla?
Me preocupa más el tiempo que tienen que invertir en pensar maneras de manipular, al menos eso ya es vida y no papel. Tiempo para odiar, qué elección de vida más triste.Yo he visto el muro marroquí de la ocupación al Sáhara occidental reflejado en el miedo de los ojos de mis compañeros y compañeras saharauis, tienen mi edad, y no saben si alguna vez volverán a salir de los campamentos de refugiados saharauis, si morirán en esa tierra y se secarán sus sueños.

Y mi impotencia topa otra vez en muro, como la tuya, la suya, la de cada una de las asociaciones de amigos del pueblo saharaui que conviven en España… y quizás para eso sirven también los muros, porque la impotencia que tuvo Marruecos de parar la libertad saharaui se unió en montones de arena y minas y funcionó. ¿Y si sumamos nuestra impotencia contra lo injusto? ¿Y si se une cada Asociación que trabaja por el pueblo saharaui, por vacaciones en Paz, por la cultura, por comisiones médicas, por la comunicación de la verdad…y se reúnen todos para construir un muro de gritos en Atocha? ¿Y si alguna vez conseguimos mover esa arena? ¿Y si nos hacemos más fuertes juntos? ¿Y si explotan las mentiras y desaparece la invisibilidad?

Inshallah que el sábado 16 de noviembre a las 12h00 estemos todos en Atocha uniéndonos en «muro bueno», con la fuerza de las personas y no del papel, donde los de afuera se topen con un «Bienvenido», con una historia que escuchar, con música y cultura, no con miedo sino esperanza y que nada en Madrid nos haga sombra al grito #SáharaLibre, porque van 44 años ya y es hora de ir #Moviendomontonesdearena.

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