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Testimonios

Descubriendo la Magia de intentar darle algo al Mundo

Sandra y María Escudero López

Lo primero antes de empezar a usar tecnicismos queríamos hablar de la realidad de este viaje, ha sido para nosotras un regalo para el alma, un regalo para la mente y un regalo para el corazón. Es increíble lo que te puede hacer sentir la magia de las personas, junto con el lugar y los más importantes, los protagonistas de nuestro viaje, nuestros niños y niñas…

Viajas a los Campamentos de refugiados saharauis para ayudar, colaborar, intentar dar lo mejor de ti, pero lo que recibes es algo mucho más grande. Ahora ese rinconcito del mundo tan especial tiene un trocito de nuestro corazón, y hemos podido ver que, donde creemos que solo hay pobreza, hay una riqueza invisible a los ojos y como bien dicen las paredes de BOL-LA hemos podido ver florecer el desierto.

Técnicamente viajamos para participar en un proyecto de continuidad, evaluación y desarrollo de las capacidades y la autonomía de los menores con diversidad funcional física que residen, temporal o permanentemente, en el Protocolo Ahmed-Zein Bolla junto con la presidenta de la Asociación Río de Oro ONLUS, Rossana Berini.

Como bien dicen estos tecnicismos y gracias a la Asociación Moviendo Arena y Rio de Oro Onlus hemos podido compartir 10 días de nuestras vidas con estas personas en BOL-LA. La casa tiene magia, la historia que se respira dentro, sus ocupantes (con los que acabas compartiendo risas y noches de té cuando las niñas y niños duermen), la guerrera Rossana Berini de la que hemos aprendido tanto, y nos queda tanto por aprender, y los más especiales de la casa… nuestros maravillosos menores, estos angelitos y angelitas son tan especiales, son sin duda los y las protagonistas de la casa y basta un solo día para que te roben el corazón y disfrutar como un regalo, sus caritas, sus reacciones, sus sonrisas y hasta sus llantos y enfados te dan la vida, no quiero olvidarme de sus ideas y ocurrencias que tantas risas nos han dado.

También tuvimos la suerte de poder visitar algunos de los campamentos, nos sorprendió mucho la forma de vida, la sencillez y las costumbres de esta tierra. Te sientes acogida desde el primer momento, te miran con ilusión y te abren las puertas de sus casas. No tiene nada que ver la forma de vida de los campamentos con la forma de vida europea. Es muy interesante el intercambio de historias culturales de ambos sitios. Los colaboradores locales que tiene la Asociación Moviendo Arena allí son increíbles.

También nos gustó mucho ver la cantidad de personas europeas que viajan a estas tierras, por trabajo, para correr la maratón, para hacer un voluntariado, para visitar a las niñas y niños de “Vacaciones en Paz”, etc.

Cómo bien hemos dicho al principio, siempre recibes más de lo que das y para nosotras ha sido increíble este viaje, en cuanto tengamos ocasión volveremos sin duda y, a todas las personas que quieran cambiar el pedacito de mundo que les toca, anímense, al igual que nosotras, a dar el primer paso.

30 de julio de 2018

Natalia Rabadán Medina – Voluntaria de Moviendo Arena

30 de julio de 2018. Tres amigas y yo cogíamos un autobús hacia Grottammare, lugar donde viviríamos una de las mejores experiencias de nuestras vidas. De hecho, me atrevería a decir que hasta el momento ha sido la mejor.

Es posible que llegásemos un día un poco raro, pues muchos voluntarios se marchaban, llegábamos nosotras, había visita en el ayuntamiento… Nos decían que era un poco raro, pero yo no notaba nada. Es verdad que la gente estaba muy ocupada, de un lado a otro, pero ni siquiera en ese día tan raro y movido faltaron palabras de bienvenida, los “cualquier cosa que necesitéis, preguntad”, “somos una familia” y las sonrisas y abrazos que nos acogieron de una forma tan cálida.

Recuerdo ese momento como si fuera ayer, la llegada a la madrasa, a nuestra habitación, pero, sobre todo, al comedor, donde estaban los niños esperando para comer. Fue la primera vez que los vi, y fue genial. Con timidez nos acercamos a ellos, para conocerlos, para presentarnos, y nos sonrieron. Y nos abrazaron.

Los dos primeros días sirvieron para adaptarnos, para conocer mejor a todo el mundo y hacernos un hueco en esa familia tan mágica. Y sin darnos cuenta, ya formábamos parte de ella.

También recuerdo los bailes a ritmo de “Waka Waka” después de desayunar, los chapuzones y las guerras de arena en la playa, las siestas en la sala del té, las passeggiatas, las comidas y las cenas, el momento duchas, y el momento post-duchas. Cada momento tenía su magia, su esencia, su olor.

Podría hablar eternamente de todo lo que hicimos y vivimos en esas dos semanas que estuve en Grottammare, pero lo mejor de todo es que cada día que pasaba allí, me sentía más cerca de cada uno de los niños, cada vez los quería más, y cada vez sabía que les iba a echar más de menos. Y así es. Cada día pienso en ellos y los echo de menos.

Sin embargo, tras estos cuatro meses después de Grottammare, es cuando soy más consciente de lo necesario que son esos meses para ellos, porque es con el paso del tiempo y con el trabajo y el amor, cuando de verdad se ve que crecen, que mejoran, que cada vez son más autónomos, y que cada vez son más felices.

En este tiempo, gracias a Rio de Oro y a Moviendo Arena, he aprendido a valorar los momentos realmente importantes, a apreciar la sencillez y la calidez de las personas, pero, sobre todo, he aprendido que, con amor y esfuerzo, todo se puede conseguir.

Siempre tendré en mi corazón estas dos semanas, pero ¡¡no puedo esperar más a volver a Grottammare el próximo 2019!!

Para entonces espero que la familia que forma Rio de Oro y Moviendo Arena sea todavía más grande, y que juntos luchemos por un Sáhara libre, por la igualdad y por el amor.

“El Sáhara llamará para siempre a aquellos que han probado el sabor de su aventura”

Han pasado ya cuatro días desde que volví de los campamentos de refugiados saharauis en Argelia, y aún no me acostumbro al día a día de nuestro mundo. Cuesta adaptarse de nuevo a las realidades absurdas que dirigen nuestros días en este mundo capitalista y manipulado de insatisfacción. Donde lo verdaderamente importante, lo que debe hacernos felices queda enmascarado por lo material, los horarios, las prisas, las fachadas. Donde se sabe mucho de cómo demostrar ser feliz pero poco de sentirlo realmente.

Qué puedo decir, la felicidad reside en lo que no se ve, en lo que no se compra y en este viaje he podido experimentarlo a cada segundo. Fuera móvil, fuera televisión, fuera reloj, fuera prejuicios y directrices sociales. Sólo queda uno mismo, en paz, disfrutándose y sintiéndose.

No sabéis lo feliz que se puede ser con sólo escuchar las risas despreocupadas de tus compañeros mientras cruzas el desierto en un coche lleno de polvo y olor a gasolina, con la música más cutre a todo trapo. Porque sabéis? Lo importante no es el coche, ni el polvo, ni la música, lo importante son las personas que van dentro, con sus sentimientos, sus valores e ilusiones. Este viaje no habría sido lo mismo sin ellos: sin la bendita locura de Bea, la complicidad con Raquel, la energía positiva de Ángela, la humanidad y pureza de Athe, la inocencia de Clara o la maravillosa forma de ver la vida de Delia. Sin el cariño, la risa y las palabras sinceras de Moha, la bondad en el corazón y los ojos de Saila o el entusiasmo y la ambición por crecer de Mahjub. Por supuesto nada de esto habría sido posible sin el esfuerzo de quien no se pone imposibles, quien un día decidió perseguir sus sueños y creyó en un proyecto hasta hacerlo realidad: gracias por empezar todo esto Ro y por ser un empujón a tiempo. Vaya equipazo que forma moviendo arena, qué orgullo y qué suerte formar parte de ella. Vamos para arriba chicos con una ilusión insaciable.

El pueblo saharaui es bellísimo y único. No he necesitado muchos días para darme cuenta. Desde el momento en el que pisé su tierra sólo he recibido amor, respeto y cariño por su parte. Tienen una cultura y unos valores de los que pueden sentirse bien orgullosos y que han sabido mantener a pesar de las adversidades. Eso habla de su fuerza y de su valentía también. De ellos he aprendido que la lengua no importa cuando existen abrazos y miradas sinceras, que da igual a qué dios reces o a qué cultura pertenezcas, porque al final todos los corazones sienten el mismo amor. He aprendido a querer mucho en muy poco tiempo y a ver la belleza en lo simple. Que hacer el té puede llegar a ser el momento más divertido del día y aprender a hacerlo el mejor de los retos

Me agradecían constantemente el haber ido allí a ayudarles… pero yo me sentía extraña sabéis… porque lo paradójico es que ha sido al revés, ellos me han acabado ayudando a mí. Muchísimo más. Por todo esto les estoy agradecida, por haberme abierto sus casas de par en par, porque todo se les hacía poco para agradarnos, por haberme confiado sus inquietudes y anhelos y, en definitiva, por haberme hecho sentir una más entre ellos.

Os aseguro que el desierto es mágico. Y a pesar de la belleza de sus dunas y de tener el cielo estrellado más bonito de todos, la magia reside en quienes lo habitan. Gracias, gracias y gracias. Por mi parte puedo asegurar que seguiré luchando porque se haga justicia, por llevar la voz de los saharauis lo más lejos posible, y que el Sáhara libre retumbe en cada esquina de nuestro país. Porque se merecen resolver su situación de una vez por todas y porque al menos yo siento asco por vivir en un mundo donde aún se permiten realidades así.

No puedo terminar esta reflexión sin hablar de una persona. Ella es Rossana Berini, residente en la región de Bol-la allí en los campamentos y voluntaria de la ONG italiana Río de Oro. Haber podido vivir en su casa ha sido todo un regalo. Entre esas paredes hay magia de verdad. Sus habitantes Freddy, Jean Franco, Ahmed, los pequeños Chej y Malaidín… han sido una familia para mí estos días y les llevo ya en un rinconcito de mi corazón. Mujeres como Rossana Berini permiten que siga confiando en la especie humana. Porque en su casa se respira solidaridad y amor puro, tanto que traspasa los poros de la piel hasta meterse muy muy dentro, y entonces sólo puedes sonreír y ser feliz todo el rato, y dar abrazos y querer mucho a los demás y a ti misma. Te admiro muchísimo Rossana y ojalá seas eterna porque los saharauis en particular, y el mundo en general, te necesitamos.

“El Sáhara llamará para siempre a aquellos que han probado el sabor de su aventura”

Volveremos a ti Sáhara, para seguir creciendo entre tus dunas y encontrarnos de nuevo con el amor y la humanidad.

SHUKRAN

Es cierto, odio las despedidas. Odio tener que despegarme físicamente de personas tan extraordinarias y que nos hacen aprender tanto como los saharauis. Y sí, me atrevo a generalizar porque llevan intrínseco el gen de la hospitalidad. Siempre nos han entregado todo lo que tienen y más para convertir su jaima en el sitio más acogedor que conozco después de casa.

Estoy muy satisfecha con el grupo, con los avances que hemos conseguido juntos y con las ganas e ideas nuevas que tenemos para seguir creciendo.

Ahora estamos más cerca del pueblo y ese es nuestro gran objetivo, su empoderamiento. Hacer que ellos sean la cara visible en los campos y que transmitan los conocimientos del ámbito sanitario y de prevención de la salud que nosotros preparamos desde España. Y así, con esta metodología es como hemos actuado estos días. A través de juegos didácticos, expresión corporal y explicaciones en hassania sobre el aparato circulatorio, renal e intercambio gaseoso.

Esto no podría ser posible sin nuestros tres voluntarios saharauis (Mohamed, Saila y Mahjoub), imprescindibles por su carácter, su aportación y por el gran trabajo que siguen realizando allí tras nuestro regreso.

Otro de los puntos fuertes ha sido la aprobación por parte del ministerio de salud de la campaña antiparasitaria que hemos realizado en el colegio (madrasa Logroño Bucraa)

(Quería escribir también sobre la reunión que han tenido con el grupo de mujeres y con la formación que han hecho a las enfermeras, pero fue después de venirme)

Volvemos sin bolsas que facturar pero con un equipaje dentro de cada uno de nosotros mucho más pesado y valioso. La experiencia que nos habéis brindado, lo aprendido y las pilas recargadas para seguir y mejorar. Porque lo dicho, esto no es ningún final sino un punto y seguido dentro de una historia que hacéis que se escriba sola. SHUKRAN.

Siroco en mi cabeza

Efímeras son las huellas en el desierto.

Piso fuerte para aumentar el efecto,

Pobres resultados…es cierto.

Tengo la firmeza de que algo se me escapa.

Paro.

Suelto aire, lo cojo.

Miro a mi alrededor…

Choque de realidad y expectativas

Desierto al desnudo, la supuesta «NADA»

No fue como imaginaba.

 

-¿Qué hora es? pregunto,

-¿Acaso importa? me responde

-Claro, no me da tiempo

-¿Usted es de fuera verdad?, se ríe

-¡Necesito organizarme!

-‎Crees que lo necesitas.

 

Me quedo sentada, no entiendo nada

Quiero abarcarlo todo, quiero ayudar a todos.

Me creo la solución, alguien importante

Les falta motivación pienso indignada.

 

De pronto granos de arena me azotan la cara a gran velocidad,

(Handulila madraza!) Resguardese, es un siroco!

Estoy bien fuera, yo controlo!

Al momento, atrapada y enterrada

Al momento, rescatada y acogida.

De desconocer empecé a entender

El té caliente me ayudó a esclarecer.

 

Desde entonces mi corazón abrieron,

Huellas profundas tengo,

En cambio ellos, sin pisar fuerte me anduvieron.

 

En ese momento aprendí el valor de dar importancia, realmente a lo importante.

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