Marta Ingelmo Hidalgo

Cuando pienso en África en mi cabeza no se forma la imagen de un continente, si no que aparecen dos palabras: olvido, y, quizás por cercanía, Sahara. 

Últimamente paso mucho tiempo reflexionando sobre el ser humano y su pensamiento, intento entender (aunque no lo consiga) el porqué de nuestros actos como individuos y como sociedad. Es extraño, porque por un lado veo a personas iguales y guiadas por el mismo tipo de motivaciones, pero por otro veo pensamientos tan diferentes que asustan. Me asusta pensar como algo que debería ser tan básico como los derechos humanos, para cierta gente pasa a un plano inexistente.

Quizás que seamos tan iguales es lo que provoca que seamos tan distintos, y lo que hace que cierta gente sea capaz de vivir por y para su felicidad, ya no solo dejando de lado la del resto, si no arrebatándosela.

Cúmulos de pequeños intereses individuales que se transforman en colectivos y que llevan a situaciones como la que se vive hoy en día en un país, porque pese a quien le pese lo es, como el Sahara Occidental. Quizás lo fácil sea mirar hacia otro lado, no enfrentarse a la responsabilidad y olvidar que un día tuvimos la posibilidad de hacer algo por ellos y sin embargo les dejamos tirados.

Me encantaría saber si realmente la gente al mando de estas decisiones es capaz de dormir por las noches sabiendo las consecuencias de sus actos. Niños y niñas que jamás conocerán a sus padres porque un muro les separa, familias enteras que han tenido que renunciar a su identidad y a sus creencias para poder vivir, ya no en paz, si no simplemente vivir. Infancias arrebatadas. Miles de personas, que, desde cualquier parte del continente, han tenido que dejarlo todo de lado para empezar una nueva vida en la que no tengan que levantarse por las mañanas con miedo a ser asesinados. Gente que tiene suerte el día que puede llevarse un plato de arroz a la boca mientras sus líderes se enriquecen. Gente olvidada.

Sin embargo, y por muy contradictorio que parezca, cuando pienso en África me invade un sentimiento de alegría. Alegría de saber que en el mundo siguen quedando personas que, con actos para muchos insignificantes, intentan dejar de lado al olvido.

Gracias a todos y cada uno de los corazones que forman Moviendo Arena y que hacen que tener esperanza en los tiempos que vivimos sea posible. Ojalá algún día África cree en mi cabeza la idea de un continente libre y lleno de personas en paz que puedan ser recordadas.

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