“El Sáhara llamará para siempre a aquellos que han probado el sabor de su aventura”

By 27/05/2018Testimonios

Han pasado ya cuatro días desde que volví de los campamentos de refugiados saharauis en Argelia, y aún no me acostumbro al día a día de nuestro mundo. Cuesta adaptarse de nuevo a las realidades absurdas que dirigen nuestros días en este mundo capitalista y manipulado de insatisfacción. Donde lo verdaderamente importante, lo que debe hacernos felices queda enmascarado por lo material, los horarios, las prisas, las fachadas. Donde se sabe mucho de cómo demostrar ser feliz pero poco de sentirlo realmente.

Qué puedo decir, la felicidad reside en lo que no se ve, en lo que no se compra y en este viaje he podido experimentarlo a cada segundo. Fuera móvil, fuera televisión, fuera reloj, fuera prejuicios y directrices sociales. Sólo queda uno mismo, en paz, disfrutándose y sintiéndose.

No sabéis lo feliz que se puede ser con sólo escuchar las risas despreocupadas de tus compañeros mientras cruzas el desierto en un coche lleno de polvo y olor a gasolina, con la música más cutre a todo trapo. Porque sabéis? Lo importante no es el coche, ni el polvo, ni la música, lo importante son las personas que van dentro, con sus sentimientos, sus valores e ilusiones. Este viaje no habría sido lo mismo sin ellos: sin la bendita locura de Bea, la complicidad con Raquel, la energía positiva de Ángela, la humanidad y pureza de Athe, la inocencia de Clara o la maravillosa forma de ver la vida de Delia. Sin el cariño, la risa y las palabras sinceras de Moha, la bondad en el corazón y los ojos de Saila o el entusiasmo y la ambición por crecer de Mahjub. Por supuesto nada de esto habría sido posible sin el esfuerzo de quien no se pone imposibles, quien un día decidió perseguir sus sueños y creyó en un proyecto hasta hacerlo realidad: gracias por empezar todo esto Ro y por ser un empujón a tiempo. Vaya equipazo que forma moviendo arena, qué orgullo y qué suerte formar parte de ella. Vamos para arriba chicos con una ilusión insaciable.

El pueblo saharaui es bellísimo y único. No he necesitado muchos días para darme cuenta. Desde el momento en el que pisé su tierra sólo he recibido amor, respeto y cariño por su parte. Tienen una cultura y unos valores de los que pueden sentirse bien orgullosos y que han sabido mantener a pesar de las adversidades. Eso habla de su fuerza y de su valentía también. De ellos he aprendido que la lengua no importa cuando existen abrazos y miradas sinceras, que da igual a qué dios reces o a qué cultura pertenezcas, porque al final todos los corazones sienten el mismo amor. He aprendido a querer mucho en muy poco tiempo y a ver la belleza en lo simple. Que hacer el té puede llegar a ser el momento más divertido del día y aprender a hacerlo el mejor de los retos

Me agradecían constantemente el haber ido allí a ayudarles… pero yo me sentía extraña sabéis… porque lo paradójico es que ha sido al revés, ellos me han acabado ayudando a mí. Muchísimo más. Por todo esto les estoy agradecida, por haberme abierto sus casas de par en par, porque todo se les hacía poco para agradarnos, por haberme confiado sus inquietudes y anhelos y, en definitiva, por haberme hecho sentir una más entre ellos.

Os aseguro que el desierto es mágico. Y a pesar de la belleza de sus dunas y de tener el cielo estrellado más bonito de todos, la magia reside en quienes lo habitan. Gracias, gracias y gracias. Por mi parte puedo asegurar que seguiré luchando porque se haga justicia, por llevar la voz de los saharauis lo más lejos posible, y que el Sáhara libre retumbe en cada esquina de nuestro país. Porque se merecen resolver su situación de una vez por todas y porque al menos yo siento asco por vivir en un mundo donde aún se permiten realidades así.

No puedo terminar esta reflexión sin hablar de una persona. Ella es Rossana Berini, residente en la región de Bol-la allí en los campamentos y voluntaria de la ONG italiana Río de Oro. Haber podido vivir en su casa ha sido todo un regalo. Entre esas paredes hay magia de verdad. Sus habitantes Freddy, Jean Franco, Ahmed, los pequeños Chej y Malaidín… han sido una familia para mí estos días y les llevo ya en un rinconcito de mi corazón. Mujeres como Rossana Berini permiten que siga confiando en la especie humana. Porque en su casa se respira solidaridad y amor puro, tanto que traspasa los poros de la piel hasta meterse muy muy dentro, y entonces sólo puedes sonreír y ser feliz todo el rato, y dar abrazos y querer mucho a los demás y a ti misma. Te admiro muchísimo Rossana y ojalá seas eterna porque los saharauis en particular, y el mundo en general, te necesitamos.

“El Sáhara llamará para siempre a aquellos que han probado el sabor de su aventura”

Volveremos a ti Sáhara, para seguir creciendo entre tus dunas y encontrarnos de nuevo con el amor y la humanidad.

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