Me faltan palabras y me sobran sentimientos

By 02/02/2020Testimonios

Laura Ribas

Durante el viaje estuve escribiendo en una libreta que me regalaron mis amigas por mi cumpleaños: por un lado, un pequeño “diario de abordo”, por el otro pensamientos, trozos de conversaciones que me parecían interesantes, nombres… Durante estos meses no la revisé, pero he creído más conveniente llenar este espacio con palabras, sentimientos e ideas que tuve “in situ”. Me gustaría que imaginaseis estar fuera de una jaima, llenxs de arena y agotadxs, admirando el paisaje con el peso estético que una estudiante de comunicación no puede evitar
tener.

“El ambiente de media/final de tarde está lejos de ser nítido. Una especie de neblina lo cubre todo y da la sensación (en fotos por lo menos) de que tuvieses un filtro analógico imborrable de tu campo visual. Sin embargo, lejos de hacerme sentir melancólica (es lo que suelen transmitir este tipo de ambientes) me calma enormemente, me da mucha paz y, en cierta forma, me hincha el corazoncito.”

Después, separé la página con una línea discontinua y escribí en grande “Ubuntu”, abajo continué con otra reflexión:
“Estos días me están sirviendo para ver, todavía más claramente, la manera (comunal?) de vivir que tienen aquí. Corrobora una idea preconcebida de la cultura en su manera de criar, vivir, y compartir.

Aquí todo es de todas y los objetos (incluso las ideas) están totalmente desposeídos. Me asusta pensar que incluso en una situación así (tan idílica mentalmente para mi y tan acorde con mis ideas de como me gustaría vivir en un futuro) los privilegios de los hombres siguen siendo tan grandes como las opresiones de las mujeres, entendiendo que estas situaciones derivan del conflicto y de la necesidad más ardua y no de una reflexión consciente que busca ser coherente con unos ideales y una perspectiva de futuro plural.”

Para alguien como yo, que llevaba tanto tiempo queriendo ir, informándose y compartiendo conversaciones con saharauis y personas implicadas con la causa (en España), fue muy difícil no romantizar las vivencias que tuvimos ahí, las personas que conocimos, lxs niñxs con lxs que jugamos, los tés que bebimos, el amor que sentimos… Durante esos días creamos una especie de familia donde cada personita iba ocupando un rol según se necesitase, nos descubrimos las unas a las otras (y en parte a nosotras mismas), el hecho de generar esos niveles de confianza, de amor, de cariño fraternal hizo que en los momentos más duros del proyecto, incluso a nivel personal, las pequeñas (o grandes) trabas que nos íbamos encontrando en el camino, se empequeñeciesen.

Llenamos vacíos que ni si quiera sabíamos que teníamos, aportamos nuestro granito de arena a una causa importantísima y tocamos corazoncitos que nunca hubiésemos creído que llegaríamos a tocar. Valoramos el paso (lentísimo) del tiempo, cambiamos el ritmo, las formas y generamos un ambiente precioso. Aprendimos, pero sobre todo sentimos. Un hombre muy sabio me dijo “no tenemos que dar lo que nos sobra, tenemos que compartir lo que tenemos” y creo que es aplicable a todo y que todxs deberíamos hacerlo.

Shukran por absolutamente todo, me faltan palabras y me sobran sentimientos.

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