Ser una persona voluntaria

By 05/12/2018Blog

Cristina Sainz Martínez

¿Que qué implica ser una persona voluntaria? Simplemente, ser humana, con todo lo que ello conlleva: Nadie se despoja de errores, malas praxis ni desafortunadas intenciones solo por abrazar la práctica del voluntariado. Esta palabra se tiñe, erróneamente, de heroísmo, idealización y salvación, pero, al menos para mí, no debería ser otra cosa más que ceder tiempo, espacio y voz. Como cualquier otro trabajo, exige continuamente una formación y una revisión de nuestra moral y nuestros principios, pues como seres humanos sujetos a constantes y fluctuantes demandas, nunca debemos dejar de aprender:

Aprender que los lazos que se crean, si no son horizontales, no son lazos.

Aprender a no observar desde una perspectiva occidental, a dejar de lado nuestro privilegio blanco, aprender a descolonizarnos y a no caer en el asistencialismo ni en la compasión.

Aprender a no crear y/o querer ver necesidades solo porque son concebidas como tal desde nuestro prisma cultural, sin tener en cuenta las demandas reales de la población local, en lugar de garantizar su protagonismo en cada una de las fases del proyecto.

Aprender a acompañar en el proceso, aportando conocimientos y experiencia, pero sobre todo a dejarnos acompañar y florecer al compás de la diversidad cultural.

Y, sobre todo, es el revoltijo de ilusión y nervios en el estómago cuando sueñas con ello. El brillo en los ojos mientras ves a tus compas trabajar en ello. Es la pasión que denota nuestra voz cuando explicamos el proyecto. Es el abrazo del equipo cuando se cumplen objetivos. Es sororidad,
es
compañerismo.

 

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